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Nómadas (2015)

Hay ciertas letras, ciertos signos que hacen recordar escuálida línea entre la valentía y la estupidez. Línea consciente ante la posibilidad de inflarse entre comas. Línea que se pregunta si el detenerse para pensarlo cuatro veces es mejor.


Hay ciertas palabras, ciertos elementos colmados de estampas. Las que se acoplaron al olvido pero se mantuvieron como liendre pegadas al subconsciente, que se preguntan si revisitarse es bueno para la clandestinidad del placer masoquista que anhela un corazón.


Somos nuestro olvido favorito. Nuestro propio amor y nostalgia de traernos a memoria.


Hay ciertos versos, ciertas goteras en el techo, ciertas grietas en el cemento, de esas por donde asoman su presencia pequeños insectos cultos del silencio. Existe cierta fricción entre las cobijas, cierto contraste en la temperatura de la cama, ciertos colores, cierto humor.


De ellos crece siniestro latido; cierto tambor. Calmado y oscuro. Hace aparecer cierta soledad diferente a la que se está acostumbrado a cortejar. Aparece una lágrima que cava la cara con cada repique de suspiros cortados, concediendo cierta ilusión de control.


Hay ciertos objetos que se vuelven lo que evocan. Cuadros, copas, papel, cartas...Se vuelven imagen; metal, así como las cobijas. Hay ciertos deseos que se alzan en calma, a cantazos. En anarquía, en paradoja, con cada revisión.


En la cabeza resuena húmeda canción que se convierte en himno. Hay cierta magia en esto. Cierto truco inexplicable para el conocimiento. Cierto chiste de Dios al contexto del vivir. Cierta mierda que no le pregunta su existencia al sol.


Somos nuestro olvido favorito. Nuestro propio amor y nostalgia de traernos a memoria.


Hay cierta canallada. Cierta cosa, cierto algo. Cierto disparate que pierde explicación pero no hace falta, el mismo se alimenta de lo inacabado, de la lucha. A ella, algunos, la vuelven cristal, y yo subestimado por igual alcanzo a tomarla en mi mano mulata Carbón.


Ella casi gigante, casi pueril. Y yo acá, queriéndole cantar. A veces sueño que nos alimenta un mismo orgullo y allá, en la montaña, me coloca debajo de su cielo para concederme calor. En ciertas ocasiones, a veces, Dios explica el chiste al final. Solo Dios.


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